El Café y La Diabetes - Resumen
Hay cada vez más pruebas de que el consumo de café puede reducir
considerablemente el peligro de contraer la diabetes tipo 2, que es la forma más común de la
diabetes y la que más contribuye al aumento epidémico de esa enfermedad en todo
el mundo. Aumentan los trabajos de investigación que se publican en los que se
indica que el consumo habitual de café, junto con otras medidas vinculadas al
estilo de vida, tales como el control del peso y el ejercicio físico, puede
tener un efecto protector contra la diabetes tipo 2.
El número de personas afectadas por esa enfermedad hace que esas conclusiones
sean importantes y susciten interés. Se calcula que en 2000 contrajeron esa
enfermedad 150 millones de personas aproximadamente, y es probable que en 2025 esa
cantidad se haya duplicado (1). En Europa la cantidad de personas afectadas, que
fue de 16 millones aproximadamente en 1994, aumentará a 24 millones en 2010 (2),
y en los centros de control y prevención de esa enfermedad en los Estados
Unidos se calcula que más de 18 millones de estadounidenses tienen diabetes, y que
la diabetes tipo 2 supone más del 90% de ese total.
El Profesor J. Tuomilehto, del Departamento de Diabetes y Epidemología Genética
de la Universidad de Helsinki (Finlandia), afirmó en una entrevista reciente que
“Dado que la diabetes tipo 2 rara vez surge antes de los 40 años y que muchas de
las personas de más edad dejan de consumir café o lo consumen en menor cantidad,
puede que pronto se recomiende el consumo de café como bebida útil y sin peligro
en los programas de prevención de la diabetes”.
Aunque se sabe que el café reduce la sensibilidad a la insulina, se sabe
también que otros componentes del café, tales como los ácidos clorogénicos y el
magnesio, pueden tener efectos beneficiosos para la salud. En un estudio reciente
que se hizo en los Países Bajos (3) se descubrió que había un 50% menos de
probabilidad de contraer diabetes entre los hombres que consumían siete tazas de
café al día que entre los que consumían dos tazas al día. En los estudios que se
publicaron el presente año se llegó a conclusiones parecidas. En un estudio a
largo plazo que se hizo en los Estados Unidos (4), en el que se abarcó un
período de 12 a 18 años, se descubrió que, en comparación con los que no consumían
café, en los hombres que consumían más de seis tazas de café cafeinado al día
el peligro de contraer diabetes tipo 2 se reducía a la mitad aproximadamente, y
en las mujeres ese peligro se reducía un 30% aproximadamente. Se descubrieron
esos efectos también entre los que consumían café descafeinado, aunque a un
nivel más modesto, puesto que en ese caso la reducción del peligro era del 25%
en los varones y del 15% en las mujeres.
Se llegó a resultados muy parecidos en un importante estudio que se hizo en
Finlandia (5), en el que participaron más de 14.000 personas. Finlandia tiene el
índice más elevado de consumo de café de todo el mundo, por lo que fue posible
determinar el riesgo de contraer diabetes en niveles elevados de consumo. En ese
estudio, la probabilidad de contraer la enfermedad era aún menor entre los
grandes consumidores de café, esto es, los que consumían diez tazas al día o más.
Con ese elevado nivel de consumo, el peligro se reducía un 79% en las mujeres y
un 55% en los hombres. Las noticias eran buenas también para los que consumían
café en cantidades más moderadas –tres o cuatro tazas al día–, pues en ese caso
el peligro de contraer diabetes se reducía un 29% en las mujeres y un 27% en
los hombres.
No está claro aún cuál es el mecanismo o proceso que lleva a que el café tenga
esos efectos beneficiosos. El café es un compuesto complejo y su composición se
ve afectada por muchos factores tales como el tueste, la mezcla y la
preparación de la infusión. Aunque se cree que la cafeína desempeña una función
significativa, el café es también una fuente importante de ácidos clorogénicos,
componentes a los que se atribuyen propiedades antioxidantes.
Se cree que los ácidos clorogénicos inhiben una de las enzimas que intervienen
en la formación de glucosa en el intestino delgado (6,7), y uno de los métodos
que se usan habitualmente para controlar el nivel elevado de glucosa en la
sangre o hiperglicemia consiste en inhibir esa enzima. El nivel elevado de glucosa
en la sangre puede llevar con el tiempo a complicaciones graves de la
enfermedad.
La cafeína y otro componente del café, la teofilina, son también poderosos
estimulantes de las células pancreáticas, en las que el cuerpo produce la insulina
que necesita (8). Cuando las células de los músculos, el hígado y el tejido
graso no usan la insulina debidamente es cuando puede surgir la diabetes tipo 2.
Llega el momento en que el páncreas no puede producir bastante insulina para
satisfacer lo que necesita el cuerpo e interfiere entonces con la capacidad del
cuerpo para almacenar la energía que obtiene de los alimentos.
CONCLUSIÓN
Si bien hay pruebas significativas de que el consumo de café puede reducir
considerablemente el peligro de que surja la diabetes tipo 2, no cabe duda de que
es preciso contar con más estudios para evaluar la auténtica función del café
con respecto a esa enfermedad y para obtener mejor conocimiento de los efectos
beneficiosos de sus principales componentes. Aun así, todo parece indicar que la
recomendación de consumir café pasará a ser uno de los consejos en materia
dietética que se ofrecerán en los programas de prevención de la diabetes tipo 2.
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